La Ermita es un lugar de oración y de encuentro, una pequeña casa situada tierra adentro en la ondulada y bella zona de Capitán Sarmiento, atendida por las Hermanas de San José. El silencio y la soledad, la inmensidad de los paisajes, la cercanía a la tierra y sus cultivos crean un clima propicio para el encuentro profundo consigo mismo y con Dios.

El Padre tiene sus tiempos y sus modos, no podemos forzarlo, pero podemos disponernos y dejarnos encontrar. Siempre es necesario hacer un alto y hacer espacio para que podamos darnos cuenta de lo que somos y nos pasa. Muchas son las urgencias, pero tal vez una de las mas grandes, sea la de escuchar y mirar. En Jesús el Padre nos ha encendido una luz, nos regaló presencia, puso de manifiesto la bondad, la verdad y la belleza. Este es el tema de fondo de todo retiro, esa es la responsabilidad y la misión. Retirarse no es huir, es querer encontrar para poder hacer más consciente, bella y comprometida la vida de todos los días.

Los silencios y los encuentros profundos son paradójicamente una experiencia gozosa y dolorosa. En ellos nos damos cuenta de lo que somos y de lo que estamos llamados a ser, de lo trascendente e incomprensiblemente cercano que es nuestro Dios. Allí en el desierto, en lo profundo del corazón, todo hombre libra con Jesús y asistido por el Espíritu, la batalla de fondo entre la resistencia y la adoración. Rezar no siempre proporciona luz pero es ciertamente una fuente de esperanza. Quien guarde todo en el corazón, como María, un día, cuando Dios así lo disponga, podrá vislumbrar por donde siguen los caminos, que gozosa es la existencia, cualquiera sean las circunstancias, cuando se sabe que El mira con bondad nuestra pequeñez.

Lo que ofrecemos son retiros de silencio predicados para pequeños grupos, con el fin de mantener un clima recogido y familiar, facilitando la atención personalizada. Suelen comenzar los domingos por la tarde y finalizar los sábados luego del almuerzo. La participación está abierta para laicos, consagrados y sacerdotes. Se puede venir en forma individual o formando un grupo. Compartimos la oración de Laudes y Vísperas, la celebración Eucarística y dos meditaciones diarias. De esta forma se intenta tener mucha libertad para que cada participante disponga de tiempo y pueda vivir su propia espiritualidad respetando a los demás.